lunes, 18 de diciembre de 2017

TRANSPARENCIA, DEMOCRACIA Y REPÚBLICA



Clarín, 17-12-17
Ricardo Arriazu

El Dr. Luis Eduardo Outeiral, fallecido la semana pasada, fue un reconocido profesional que batalló incansablemente para mejorar la transparencia y la rendición de cuentas de las actividades públicas, como mecanismo indispensable para fortalecer la democracia y la república. Fue el impulsor del proyecto “Democracia y Rendición de cuentas” que, bajo el auspicio del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad de Buenos Aires, diseñó algunas mejoras en los registros contables de las cuentas públicas. Tuve el honor de integrar el Comité Ejecutivo que él presidía.

Las actividades económicas y normativas del Sector Público afectan, en forma directa, indirecta – y crecientemente en los últimos años -, el bienestar de corto y de largo plazo de la población de un país. Sin embargo, la forma en que se contabilizan y publican las actividades económicas del Sector Público es rudimentaria y deficiente.

Es imposible de conciliar con su contrapartida en el sector privado; es habitual que información importante esté oculta, sólo contempla los movimientos del período bajo análisis e ignora sus efectos de corto y largo plazo, e induce a errores de interpretación. La falta de información homogénea y clara provoca debates innecesarios e improductivos entre los analistas centrados en los datos, en lugar de las políticas.

En nuestro país son innumerables los ejemplos de inconsistencia en los registros contables y algunas se remontan al siglo XIX. Muchas de estas inconsistencias son el resultado de prácticas destinadas a ocultar ciertas transacciones, y otras son el resultado de metodologías contables erróneas.

Ninguna de ellas contribuye a la transparencia y al fortalecimiento de las instituciones. A pesar de ello, los economistas pasamos horas discutiendo sobre los efectos de determinados desequilibrios fiscales, sin verificar la veracidad de esos desequilibrios. ¿Cuál es la verdadera magnitud del desequilibrio fiscal en la actualidad? La verdad es que no lo sabemos. Tenemos una idea aproximada de las necesidades de caja (financiamiento) del sector público pero desconocemos si estas necesidades corresponden a obligaciones de periodos anteriores, si estamos postergando pagos para el futuro, si estamos ocultando gastos, o si estamos mejorando –o empeorando- nuestro patrimonio. En resumen: no contamos con registros contables integrados y consolidados, y si los tenemos, no los utilizamos. Tres ejemplos bastan para mostrar estas inconsistencias: a) cualquier ama de casa sabe que cuando sus gastos exceden sus ingresos la diferencia debe ser financiada endeudándose o reduciendo sus ahorros, y que la variación en su endeudamiento neto debe coincidir con su exceso de gastos. En el caso del sector público esta coincidencia rara vez se verifica; b) como la contabilidad pública se registra en base caja (cuando se realiza el pago de la operación), la inversión se registra como gasto y se deja de lado la depreciación del stock de capital, lo que subestima los desequilibrios fiscales cuando se deja de invertir, y los exagera cuando crece la inversión.

c) el sector público oculta desequilibrios (conocidos como “cuasi fiscales”) en otros organismos, especialmente en el Banco Central y otros bancos oficiales. Estos “ocultamientos” quedarían al descubierto con un proceso de consolidación de balances homogéneos, pero desafortunadamente las contabilidades de estos organismos no son compatibles entre sí. La contabilización de las transferencias de las “ganancias devengadas” del Banco Central como ingresos corrientes, sin tomar en cuenta que parte de esas “ganancias” corresponden al incremento del valor de sus tenencias de títulos públicos que el Tesoro no contabiliza, muestra cómo se pueden distorsionar las cuentas públicas con artilugios contables.

Uno de los mayores debates de la actualidad versa alrededor de la magnitud de los desequilibrios cuasi fiscales. Hay analistas que afirman que debido al creciente stock de Lebacs existe un desequilibrio adicional de casi 1,5% del PBI.

Sin embargo, al calcular el resultado del BCRA no se puede dejar de lado el impacto que la inflación y la devaluación del peso tiene sobre su activo y su pasivo; al incorporar estos impactos el supuesto desequilibrio cuasi fiscal desaparece, aunque está próximo a emerger.

Por suerte, la necesidad de mejorar el registro contable de las cuentas púbicas está recibiendo creciente atención en la mayoría de los países, como lo evidencia el reciente informe publicado por la OCDE (organismo al que nuestro país aspira a ingresar), realizado en colaboración con la Federación Mundial de Contadores (IFAC) y su iniciativa de “Accountability Now”. En el párrafo inicial de este informe se enfatiza la necesidad de contar con “informes financieros de alta calidad” que faciliten la toma de decisiones, y que esta necesidad está siendo crecientemente demandada por los ciudadanos y por la necesidad de mejorar la eficiencia en la provisión de los servicios públicos.

En nuestro país, el presidente Macri enfatizó, en un discurso que pronunció una semana después de las elecciones legislativas, que para fortalecer la República y la calidad institucional era necesario construir un sistema transparente y combatir la corrupción. Contar con información veraz, consistente y oportuna es esencial para el fortalecimiento de la República.


Ricardo Arriazu es economista