lunes, 1 de junio de 2015

MAGNATE DE LA VENTA ONLINE DE DROGA


La Vanguardia

El silencio sepulcral de la biblioteca de San Francisco se vio interrumpido de golpe el 1 de octubre de 2013. Varios agentes del FBI se abalanzaron sobre un joven de 29 años de aspecto inofensivo y de nombre Ross Ulbricht. Acababan de detener al presunto rey de la droga en Internet y la principal prioridad era que Ulbricht no pudiera cerrar su ordenador portátil y desmantelar, en un par de clicks, el mercado online de droga más grande jamás creado.

Un tribunal de Nueva York condenó el viernes a Ulbricht a cadena perpetua por ser el ideólogo y responsable de Silk Road (Ruta de la Seda, en su traducción), una web con una estructura parecida a eBay en la que más de 150.000 internautas estuvieron comerciando con estupefacientes y otros objetos ilegales desde febrero de 2011 hasta la detención de Ulbricht. La juez de distrito Katherine Forrest le condenó por narcotráfico, blanqueo de dinero, violación informática y otros cuatro cargos criminales, en el caso de cibercrimen más importante de la última década en EE.UU. “Lo que hiciste con Silk Road fue terriblemente destructivo para nuestra sociedad”, le espetó la magistrada a Ulbricht el viernes, tras comunicarle la condena.

Conocido como Joshua Terry por sus compañeros de piso en San Francisco, licenciado en Física y proveniente de una familia de clase media de Austin (Texas), Ulbricht se convirtió poco a poco en el capo digital de la droga, amasando millones de dólares provenientes de la comisión del 15% que se adjudicaba por cada transacción en Silk Road. El FBI aseguró, tras su detención, que se le incautaron más de 20 millones de dólares en bitcoins, una moneda virtual, encriptada e independiente de gobiernos, bancos o empresas de procesamiento de pagos, que se usaba en Silk Road para mantener el anonimato en las transacciones.

Ulbricht no tenía teléfono móvil, pagaba siempre en metálico y no se despegaba de su ordenador portátil. Sus amigos pensaban que era un trader bursátil que, como tantos otros, se había desplazado a California para probar suerte en el sector tecnológico. Nadie sabe cómo este antiguo boy scout, aficionado a tocar el djembé, se convirtió de la noche a la mañana en Dread Pirate Roberts, el alias que usaba en la página. Un alter ego que a medida que aumentaba su fortuna y el éxito de su web tenía cada vez actitudes más grandilocuentes y que incluso mandó asesinar a la poca gente que creía que le podría delatar (la acusación consideró que al final ninguno de los asesinatos se llevó a cabo).

Darse un paseo por Silk Road -cuando estaba abierto- mostraba la dificultad de poner límite al tráfico de productos ilegales en la deep web. En la página había disponibles más de 10.000 productos, de los cuales casi 7.000 eran drogas: éxtasis, cocaína, LSD... todo de primerísima calidad, según aseguraban en su día sus usuarios habituales. Para evitar ser localizados, los que accedían a Silk Road usaban el navegador Tor, que impide rastrear la dirección IP y que goza de gran popularidad entre los disidentes de países como China, Irán o Siria, en los que existen fuertes limitaciones a la hora de navegar. Curiosamente, este navegador fue impulsado y financiado por la Marina de Estados Unidos para proteger sus comunicaciones.

Después de licenciarse en física, Rossman, como le conocían sus amigos de infancia, empezó a interesarse por la economía. Tras un par de intentos fallidos de crear su propia empresa, empezó a trabajar con un amigo en un negocio de compra de libros viejos que luego vendían en Amazon. Fue ahí donde Ulbricht descubrió los bitcoins y el gran poder del comercio en Internet.

“Quiero crear una web donde la gente pueda comprar cualquier cosa de manera anónima sin posibilidad de ser rastreado”, escribió en su diario. A mediados de enero de 2011, Silk Road abría sus puertas. La primera transacción fue la venta de unas setas alucinógenas cultivadas por el propio Ulbricht, el cual estaba seguro de que su nueva web marcaría un antes y un después. “Silk Road se convertirá en un fenómeno y al menos una persona me vendrá a hablar de ello sin saber que yo soy su creador”, aseguró en su diario.

Fue entonces cuando Ulbricht se convirtió en Dread Pirate Roberts, un usuario anónimo que desafió al Gobierno, el FBI, la DEA y los servicios secretos estadounidenses, que intentaron sin éxito descubrir su verdadera identidad durante años. Pero Dread Pirate Roberts también se convirtió en una especie de Steve Jobs de la despenalización de las drogas. Un visionario que había inventado un sistema que impedía a las autoridades fiscalizar la compraventa de estupefacientes, sacaba la droga de la calle y signficaba el primer paso para crear una economía digital independiente de cualquier Estado o Gobierno.

Dread Pirate Roberts era un avanzado que había creado un sitio en el cada uno podía comerciar con lo que quisiera, siempre y cuando no hiciera daño a nadie. Silk Road se convirtió en poco tiempo en una web de culto con decenas de miles de adeptos. “El mercado de drogas en la deep web aporta un marco mucho más seguro”, explica Nuria Calzada, coordinadora de la entidad Energy Control, dedicada a promover la reducción de riesgos en el consumo de drogas. “La gente no ha de ir a la calle a buscarla”.

Fernando Caudevilla, médico de familia de Madrid y especialista en prevención de riesgos en el consumo de drogas, trató directamente con Ulbricht durante unos meses e incluso testificó por carta en el juicio que se celebró en Nueva York. Caudevilla cobraba unos 500 dólares semanales en bitcoins, provenientes de donaciones, a cambio de aconsejar en los foros de Silk Road sobre cómo consumir drogas de la manera más segura o, si lo consideraba, desaconsejaba el consumo de ciertas sustancias. “Era una persona concienciada con la reducción de riesgos”, explica de Ulbricht, “hablamos tres o cuatro veces por mail y me comentó que le interesaba mucho mi trabajo”.

La investigación para acabar con Silk Road duró varios años e implicó diversos cuerpos policiales. Las pesquisas incluyeron visitas a servidores localizados en Francia e Islandia, agentes encubiertos del FBI que han acabado encarcelados por embolsarse bitcoins de Ulbricht y serias dudas sobre cómo las autoridades consiguieron identificar al escurridizo Dread Pirate Roberts. Como explica Caudevilla, “la historia da para una serie de cinco temporadas”.

Durante el juicio se presentaron dos versiones muy diferentes de Ulbricht. La defensa lo mostró como un joven idealista, algo naif, al que se le fue de las manos su proyecto de crear un mercado libre. La acusación, en cambio, lo pintó como un malvado capo de la droga que destrozó miles de vidas. Incluso testificó el padre de un joven que murió por sobredosis de heroína, presuntamente adquirida en Silk Road.

Ulbricht imploró en una carta a la juez que no le condenara a cadena perpetua y le “dejara ver una luz al final del túnel”. “Sé que debo pasar mi mediana edad en la cárcel, pero déjeme pasar mi vejez en libertad”, le suplicó. La juez no tuvo en cuenta la petición de Ulbricht y optó por una sentencia ejemplar para evitar que se repita algo parecido.

Está por ver si la dura condena, que todavía se puede recurrir, va a servir de algo. Unos días después del cierre de Silk Road apareció Silk Road 2.0. Y con el tiempo surgieron otras páginas parecidas como Evolution o Ágora, donde también se pueden comprar todo tipo de estupefacientes. Se calcula que ahora mismo hay en la deep web más de 10 páginas inspiradas en Silk Road. Y también que las ventas se han más que doblado. Como comenta Caudevilla, “es complicado ponerle puertas al campo”.