martes, 15 de agosto de 2017

¿QUIÉN ES MIKE PENCE, EL VICE DE TRUMP DE VISITA EN ARGENTINA?




La Prensa, 15.08.2017

Ultraconservador, opositor a mejorar los derechos de la comunidad homosexual, antiabortista, cristiano evangélico y férreo defensor del achicamiento del Estado. La enumeración describe parte del pensamiento del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, un republicano hecho y derecho (y de derecha), que está de visita en Argentina. 
Abogado y ex locutor de radio, fue líder republicano en la Cámara de Representantes entre 2001 y 2013, lo que le ofrece a Donald Trump un comportamiento menos polémico y un manejo de las relaciones en el Parlamento y al interior del partido. Temas no menores teniendo en cuenta la verborragia oral y tuitera del presidente y la revolución interna que fue su candidatura por su inexperiencia en la política.

Michael Richard "Mike" Pence, mismos nombres que su abuelo, señaló en una entrevista que se involucró en la política por figuras como el ex mandatario John F. Kennedy y el activista por los derechos civiles Martin Luther King. Incluso señaló que en 1980 votó Jimmy Carter, símbolo moderno del Partido Demócrata y reconocido por su lucha a favor de los derechos humanos.

Pero en la década del 80 su pensamiento político viró hacia el conservadurismo al empezar a identificarse con el entonces presidente Ronald Reagan y sus creencias religiosas también viraron al conocer a su actual esposa Karen, con quien tiene tres hijos, en una iglesia evangélica.

"Soy cristiano, conservador y republicano, en ese orden", se autodefinió Pence, de 58 años cumplidos el mes pasado, que entre 2001 y 2013 como miembro de la Cámara de Representantes encabezó batallas que lo colocaron en el centro de atención de los conservadores sociales: votó por el recorte de impuestos, por el achicamiento del gobierno federal, por una política de defensa fuerte y una política social conservadora.
Durante sus años en el Congreso impulsó las rebajas fiscales a las corporaciones para impulsar la inversión, aunque votó a favor de todos los tratados de libre comercio que se propusieron.


En 2006 Pence promovió un plan para cerrar la frontera entre países vecinos. En ese plano, también propuso enviar a todos los indocumentados de vuelta a su país e instaurar un programa de trabajadores destinado a llevar fuerza de trabajo a Estados Unidos durante un período de entre tres y cinco años.

MALVINAS

CATURELLI Y LA NOCIÓN DE GUERRA JUSTA

Pablo S. Otero
La Prensa, 15.08.2017

El filósofo católico Alberto Caturelli, falleció el 4 de octubre de 2016 a los 88 años pero sus escritos siguen y seguirán siendo una referencia obligada a la hora de entender conceptos profundos y no muchas veces desarrollados con tanta claridad como era su estilo: directo, filoso y sin medias tintas.

En 1993, a once años de la gesta de Malvinas, publicó el libro "La Patria y el orden temporal", en el cual reflexiona, entre otros temas, sobre la noción de guerra justa. En ocasión de cumplirse 30 años de la Guerra de Malvinas realizó algunas modificaciones al capítulo dedicado al tema para ser leído durante unas jornadas conmemorativas.

A continuación los conceptos principales de aquel texto esclarecedor:

* La histórica recuperación de las islas Malvinas y demás dependencias del Atlántico Sur con la que toda la vida hemos soñado los argentinos constituye una ocasión única para reflexionar -especialmente en un país de tradición católica- sobre la noción de guerra justa y por lo tanto, lícita. No porque la guerra sea deseable por sí misma (nadie puede pensar esto en su sano juicio), sino en qué sentido una guerra puede ser justa y por eso, también moralmente obligatoria.

* La sociedad perfecta (y llámase perfecta a aquella que se basta para lograr por sí misma su fin propio) debe defenderse de los peligros, interiores o exteriores, que amenazan el bien común. El bien común no es la mera suma de los bienes materiales ni es tampoco la adición de los bienes de las personas singulares, sino un todo de orden diverso constituido por los bienes espirituales, culturales, históricos, materiales, de un pueblo o comunidad civil: es un todo superior a los bienes de las personas singulares.

* En virtud de la primacía del bien común al que debo amar y servir (lo cual viene a identificarse con el patriotismo) cada ciudadano está moralmente obligado a servir, mantener y defender todo lo que le es debido a la Nación en cuanto comunidad política. Esta voluntad permanente de donación al bien común del todo es la justicia en su más alto grado (justicia legal) y es servicio y amor a la Patria. Por consiguiente, la voluntad permanente de donación al bien común es la justicia (y el patriotismo) en su más alto grado. Entonces, la grave injuria contra el bien de la comunidad política vulnera gravemente el derecho natural y es por eso, causa justa de guerra que moralmente nos obliga.

* En un conocido texto, Santo Tomás expuso los caracteres de la guerra justa: Que sea declarada y dirigida, por la autoridad legítima de la sociedad civil. Naturalmente, cuando se sostiene que ha de ser la autoridad legítima debe tenerse en cuenta que la legitimidad de un gobierno (cual quiera fuese el régimen político del país) surge no del cómo, con qué medios, ni por qué ha sido introducido, sino de la simple, tácita y constante adhesión del pueblo, ya que la potestad o autoridad es como la forma de la sociedad que no existiría sin ella; dicho de otro modo, el consentimiento usual confiere legitimidad y eficacia jurídica al régimen gobernante. Que tenga una causa justa (violación de un derecho cierto) y que exista recta intención.

* Lo mismo enseñaba San Agustín y toda la tradición; de ahí que Francisco de Vitoria resuma esta doctrina diciendo que la causa justa de hacer la guerra es la injuria recibida. La causa de una guerra justa es, ante todo, la reparación de un derecho cierto violado (contra el bien común); dicho de otro modo por el mismo doctor: "la única y sola causa justa de hacer la guerra es la injuria recibida".

* Ya se ve que si se trata de la reparación de un derecho cierto violado, en el caso de las Malvinas la guerra es esencialmente justa y de nuestro lado, existe la búsqueda de una justicia vindicativa, de una restitución que le es debida a la patria tanto por derecho natural cuanto positivo.

* En efecto, cuando Inglaterra, en 1833, agredió nuestro derecho efectivamente ejercido sobre las Malvinas e islas del Atlántico Sur usurpando su posesión (no el derecho, que siguió siendo nuestro), cometió un acto de tal naturaleza que siguió agrediendo a la Argentina todo el tiempo, minuto a minuto, segundo a segundo durante casi siglo y medio. No se trató de un acto que desapareció inmediatamente sino, por el contrario, que continuó ejerciéndose contra nuestra soberanía. Por eso Inglaterra puso entonces (y ahora) la causa de guerra justa de parte de la Argentina, y en cualquier momento de todo el tiempo trascurrido, la Argentina podría haber iniciado la guerra, aunque por diversas circunstancias no lo haya hecho o no haya podido hacerlo. Claro es que la guerra es siempre el último recurso y es menester agotar previamente todos los medios pacíficos moralmente rectos.

* Así, todos los caracteres de la guerra justa asisten a la Argentina. En tal circunstancia, es no solo legítimo matar al enemigo sino obligatorio, como enseñaba San Agustín: "El soldado que, obedeciendo a la autoridad [...mata a un hombre, [no es reo de homicidio; más aún, si no lo hace, se le culpa de desertor y menospreciador de la autoridad". La culpa consistiría, precisamente, en no matar al enemigo en defensa del derecho cierto de la patria. El soldado es, pues, ejecutor de la ley natural, y la pusilanimidad en la guerra sería un grave pecado contra el bien común.

* Es bueno recordar los caracteres que tiene la guerra injusta. El mismo Francisco de Vitoria enseña que no es justa causa de guerra el deseo de ensanchar el propio territorio; tampoco lo es el deseo de poder o provecho de la nación atacante; la gloria particular del príncipe, o causas económicas; de hecho en las guerras injustas confluyen juntas estas causas y especialmente se dan todas en las guerras colonialistas.

* La Argentina ha reunido y puede invocar todos los títulos legítimos de una guerra justa. Nadie desea la guerra por sí misma, y la misma guerra tiene por fin la paz.

* A pesar del dolor, desde el dolor y por causa del dolor, comprendemos que jamás es inútil la sangre derramada por la patria. Ya hemos dicho que el amor a la patria es una forma de la caridad o del amor a Dios. Y el hombre cristiano sabe por la fe que quien muere por el bien común muere por sus hermanos. En tal sentido, participa de la Pasión y Muerte de Cristo.

* De acuerdo con toda la tradición y la enseñanza de los Padres, el Concilio Vaticano II designa la paz como "obra de la justicia", no una mera ausencia de guerra y en cuanto tal, es un "perpetuo hacerse" debido a la fragilidad de la voluntad herida por el pecado. "Mientras exista el riesgo de una guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos pacíficos de la diplomacia, no se podrá negar el derecho de legítima defensa a los gobiernos".

* En el contexto, el derecho de legítima defensa, agotados los medios pacíficos, no es otro que la guerra de legítima defensa, única guerra verdaderamente justa. En modo alguno el Concilio se opone a la noción de guerra justa desde el momento que sostiene "el derecho de legítima defensa". No es lícito utilizar la fuerza militar, es claro, para "someter a otras naciones", pero sí lo es "para defenderse con justicia". Por eso, en modo alguno puede sostenerse que ninguna guerra puede ser justa, ya que tal afirmación anularía la posibilidad misma del derecho de legítima defensa y volvería también imposible la paz, que es, precisamente, obra de la justicia.

* El caso de nuestras Malvinas es un caso clásico: A) violación de un derecho cierto por parte de Inglaterra en 1833; B) "agotados todos los recursos pacíficos de la diplomacia" en relación con el país agresor (agresor desde 1833 hasta hoy), la Argentina hace uso del "derecho de legítima defensa"; C) la Argentina no quiere, con ello, provocar necesariamente la guerra aunque, si de hecho se sigue, es justa como defensa de un derecho cierto.

* La Argentina, al retomar las Malvinas el 2 de Abril de 1982, no fue el país agresor porque el agresor injusto ha sido Inglaterra; pero, si se considera agresión a aquel acto, aun en este caso se trataría de una agresión justa, como acto propio del derecho de legítima defensa. El hecho de haber perdido la batalla por las islas para nada cambia la doctrina. Por el contrario, la confirma.


* No solo es legítimo sino necesario utilizar la expresión "guerra justa", sobre todo en el caso de nuestras islas. Es malsonante para mí que un cristiano deje de usarla porque cree -contra la doctrina permanente de la Iglesia- que toda guerra es injusta.

lunes, 14 de agosto de 2017

EL POLÍTICO QUE APOYA EL ABORTO NO DEBE SER VOTADO


Cardenal Medina, de Chile:

www.ctedrajuanpablomagno.blogspot.com.ar/2017/08/cardenal-medina.html

PELIGRO DEL INDIGENISMO


La democracia abusada

La Nación, editorial,  13 DE AGOSTO DE 2017

"Mandó Calvain traer la criatura que criaba de pechos la mujer de Painé y se la hizo entregar a la madre diciéndole: «Dale de mamar por última vez al niñito»? Llegó la hora, quítanle la criatura del seno, tómanla á ella y de un solo bolazo en el cráneo en la parte superior, fue lo suficiente para que dejase de existir, colocándola al lado izquierdo de su marido."

Así relataba el cautivo Santiago Avendaño el asesinato cruel, a golpes de boleadoras, de treinta y dos mujeres como ritual en las exequias del cacique ranquel Painé (1844) ... "Todas se atropellan topándose unas sobre las otras para no ser designadas como una res en una majada, cayendo algunas para no levantarse sino todas pisoteadas y contusas. Ni más ni menos tal era el aspecto de aquel espantoso drama con todos sus horrores."

Painé había formado la gran nación ranquel en el centro de nuestro país, oponiéndose a Rosas y separándose de Calfucurá, quien lo apoyaba. Como otros "pampas antiguos", los ranqueles fueron "araucanizados" y adoptaron las costumbres mapuches.

Esos rituales son comprensibles en el contexto de su tiempo, al igual que los sacrificios aztecas o los niños ofrendados por los incas en el volcán Llullaillaco. También es entendible que el general Eduardo Racedo hubiera desenterrado los restos del cacique Mariano Rosas para entregarlos a Estanislao Zeballos como piezas de investigación.

Esos contrastes reflejan el progreso moral ocurrido desde entonces. Hoy está aceptado que cada persona es un fin en sí misma y no un medio para los fines del grupo, de la familia o de la tribu. La dignidad humana es el valor por excelencia, con prescindencia del lugar de nacimiento, de las características étnicas, religión o credo político. La adopción de esos valores otorga sustento ético al Estado argentino para reivindicar su soberanía sobre el territorio de la nación: es una democracia republicana, pluralista e inclusiva.

Sin embargo, en los años setenta grupos violentos rechazaron esos valores, usando el terror para subvertir la democracia en nombre del "socialismo nacional". Y, ahora, la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) llama a la "resistencia ancestral" para reivindicar derechos territoriales, mediante agresiones también aterradoras, a personas que viven en paz en el ámbito de la República.

Se trata de la RAM, liderada por Facundo Jones Huala, detenido en la Unidad Penitenciaria 14 de Esquel y de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), su contraparte en Chile. En Chubut, el activista está acusado por ocupar campos y provocar incendios, daños, amenazas, privaciones ilegítimas de la libertad, destrucción de maquinarias, abigeato y robo de mercaderías, entre otros delitos. Su causa más grave es en Chile, que reclama su extradición por terrorismo, tenencia de arma de fuego, incendio de propiedad con habitantes adentro y violación de la ley de extranjería.

Jones Huala manifestó su "orgullo" por el accionar de la RAM, que se adjudicó el incendio del refugio San Martín (conocido como Jakob); daños en la línea eléctrica de Cholila a la ruta 40 y la destrucción de la estación Bruno Thomae del emblemático tren turístico cordillerano La Trochita.

La violencia de la RAM se extendió a la ciudad de Buenos Aires, donde varios encapuchados destrozaron la Casa de la Provincia de Chubut en una movilización frente al Congreso de la Nación para pedir la aparición de un artesano, cuyo paradero se desconoce, donde activistas con las caras tapadas atacaron a policías y periodistas, pintaron móviles e incendiaron motos policiales.

La RAM niega la soberanía nacional sobre el territorio que ocupa, sosteniendo que allí no rigen las instituciones argentinas, sino las del pueblo mapuche. Hasta conforma "tribunales multiculturales" para juzgar y condenar a quienes los enfrenten, como ocurrió con una notificadora judicial hace unos años.

En la cultura que reivindica la RAM nadie podría haber hecho reclamos territoriales, ni alzarse contra la autoridad tribal. Hubieran sido muertos a lanzazos o con bolazos en el cráneo pues allí sólo regía el arbitrio del cacique. Bastante similar a Cuba, Corea del Norte o Venezuela, donde se fusila o encarcela sin debido proceso legal.

Ésa es la gloriosa debilidad de la democracia: rige el Estado de Derecho, aun frente a quienes lo repudian. Aunque se abuse de esa debilidad, como siempre lo han hecho los terroristas en Occidente, reclamando juicios justos y las garantías de los tratados de derechos humanos.

Jones Huala ha expandido su reclamo comarcal, para ampliarlo a la liberación universal: "Proletarios del mundo, uníos". Como un refrito del Manifiesto de 1848, arenga a luchar contra "dos Estados colonialistas y capitalistas" (la Argentina y Chile) mediante la rebelión popular "a través de la Dirección Estratégica de La Vanguardia de Weichafes (guerreros)".

Para la RAM "todas las formas de lucha son válidas", pues considera que la Justicia y las fuerzas del orden son formas de represión arbitraria y no instrumentos legales del poder público. Para legitimarse, la RAM encuadra su accionar en la "legítima defensa" ante el "Estado opresor", intentando así cambiar los roles para victimizarse. Como aquel apotegma de la guerrilla setentista: "La violencia de arriba engendra la violencia de abajo".

Con un discurso ideológico y bien distante de la mansedumbre de su pueblo, Jones Huala denuncia "el tramposo juego de la burocracia y la hipócrita legalidad burguesa, leyes que no dudan en romper cuando el rico lo ordena; allí los jueces se olvidan el Estado de Derecho convirtiéndose en secuestradores y lacayos de terratenientes y empresarios". Consignas rancias, derruidas como el Muro de Berlín y torpes como los dichos del norcoreano Kim Jong-un.

Como hemos señalado desde estas columnas, nadie es realmente un pueblo originario de ningún lugar, pues la evolución humana incluye desplazamientos, dominaciones, extinciones, connubios e himeneos. En ese desarrollo siempre agónico, siempre incierto, existe un avance ético al reconocerse ahora valores universales e inalienables de la persona humana.

Se ha recordado numerosas veces que el pueblo mapuche, cuya lengua era el mapudungun, no es originario de nuestro territorio, pues irrumpió desde el Arauco (Chile) cuando los españoles introdujeron ganado, para arrearlo desde las pampas y venderlo tras la Cordillera. Fueron llamados araucanos y lograron someter a las tribus locales, hasta imponerles sus costumbres.

Pero sea cual fuere su historia, hayan sido los primeros o los segundos habitantes, ningún ciudadano tiene facultad para atribuirse los derechos del pueblo y peticionar en nombre de éste, sin cometer delito de sedición. El principio de igualdad suprime los fueros personales. Los reclamos de cualquier grupo o colectivo deben canalizarse en el marco de la ley y no por fuera, con actos de terror.

Desconocen Jones Huala y sus seguidores que en la Argentina hemos tenido 34 años de democracia, con gobiernos populares, ajenos a la caricatura neoliberal y capitalista que pretenden pintar y que, en 1994, cuando él tendría 8 años, se reformó la Constitución nacional e incluyó el artículo 75, inciso 17, sobre los pueblos indígenas, único grupo poblacional al que le otorga un tratamiento diferenciado.

La Constitución argentina es un pacto de convivencia entre personas distintas, con ideas diferentes y, muchas veces, en conflicto entre ellas. Personas que han optado por respetar esas reglas, olvidando el origen de cada uno para construir un futuro en común. Todos han renunciado al ejercicio de la fuerza para ganar de mano a los demás y aceptan el rigor de las instituciones, aunque frustren deseos individuales.

Los infundados reclamos de la RAM y sus violentas acciones ofenden a nuestros obreros y empleados, estudiantes y jubilados; a quienes buscan empleo o que necesitan doble empleo. A los médicos de guardia, a las maestras rurales, a los inmigrantes recientes y los nietos de inmigrantes; a los pacíficos obreros que trabajan por su sueldo; a quienes viven en asentamientos urbanos o en campamentos patagónicos; a los abanderados y repitentes; a las viudas y madres solteras sin ayuda; a los huérfanos y personas con discapacidad; a los incluidos y a los excluidos.


Todos ellos sienten que nadie debe lograr ventajas abusando de la frágil y noble democracia con capuchas, palos y bombas. Postergando a los demás en su provecho, invocando derechos que no existen, valores que no se comparten y privilegios que no se justifican.

sábado, 12 de agosto de 2017

DÍA DE LA RECONQUISTA


1806 - 12 de Agosto - 2017

www.catolicosalerta.com.ar/historia-argentina/virgen-reconquista.html

COSECHA DE AGUA



el ingenio que permite una ganadería a gran escala en Chaco

En Río Muerto, donde la disponibilidad de agua de calidad es limitante, la empresa Grupo Agros desarrolló un sistema con 120 hectáreas para captar ese recurso con las lluvias

La Nación, Campo,  12 DE AGOSTO DE 2017
Fernando Bertello

Lo dicen sin eufemismos, directo. Para Luis Francisco Calvo, director de Grupo Agros, y Nahuel Ríos, gerente de producción en un campo ubicado a 300 kilómetros de Resistencia, en el noroeste de la provincia de Chaco, en las puertas de El Impenetrable, lo que están haciendo en ese establecimiento es cultivo y cosecha de agua.
¿Cómo? En Río Muerto, en una región que suele tener lluvias de 650 a 700 milímetros anuales, dispersas entre octubre y abril, con temperaturas máximas de 45 grados que en verano representan una alta demanda atmosférica, aquí el agua es el recurso limitante para cualquier emprendimiento ganadero a gran escala. No porque no llueva, sino porque el problema es tener disponibilidad de agua de calidad. El agua subterránea disponible tiene entre 16 y 20 gramos por litro de sales totales cuando lo máximo tolerable son cinco gramos.

El campo, de 13.600 hectáreas (de ellas, un 70% está en producción, con 5000 hectáreas para ganadería y más de 3000 para agricultura), es de Cabaña Chaco Pampa, de Grupo Agros. Se empezó a desarrollar en 1998 con un planteo mixto agrícola-ganadero. Se inició con una ganadería de cría con gatton panic. Sin embargo, la disponibilidad de agua de calidad seguía siendo limitante. Para tratar de enfrentarla, empezaron a construir enormes represas impermeabilizadas con geomembranas para captar el agua de lluvia y utilizar pendientes naturales y caminos para que el agua se dirigiera hacia esas represas.
Hicieron tres represas con una capacidad para 150.000 metros cúbicos, además de tanques australianos y un sistema de 50 kilómetros de cañerías para que el agua llegue hasta los distintos potreros. El modelo permitía tener 3500 cabezas Braford en el campo. En 2009, en un año muy seco aquí y en todo el país, se compraron además máquinas de ósmosis inversa para realizar mezclas de agua salada con el agua de represa.

En el campo igual creían que podían hacer más. Sucede que de una lluvia habitual, tomando como referencia una hectárea de ese sistema con pendientes naturales y caminos, lo que terminaba después entrando a las represas era entre el 5 y el 7% del agua caída. Es decir, una baja eficiencia de cosecha de agua respecto de los milímetros caídos. El sistema de colecta de agua era de 325.000 litros por hectárea por año y con eso alcanzaba para dar de tomar a nueve vacas por hectárea año.


El campo estaba con una carga animal de 1,2 vaca por hectárea/año en el período de lluvias, pero terminada esa temporada se liquidaban categorías y se quedaba con una menor cantidad de cabezas para enfrentar el invierno. "Seguíamos acotados por la disponibilidad de agua para tener un ciclo completo. La carga la regulaba el agua y no el pasto. El pasto sobraba pero no podíamos subir la carga por el agua. Por eso, dejamos de orientarnos al agua de extracción y nos focalizamos en el agua de lluvia", contó Calvo.

Si bien ya tenían las represas y el sistema "natural" de las pendientes y caminos que llevaban el agua a las represas, salieron a buscar alternativas que pudieran darle soporte a una ganadería con más cabezas.

Ayuda menonita

Y en esa búsqueda dieron con Loma Plata, en Paraguay, donde está una de las colonias menonitas del Chaco Paraguayo. Fueron a ver un sistema de captación que, para trazar una comparación simple, es como el techo de una casa que junta agua a través de canaletas y la manda a un aljibe. Sólo que para el caso de la producción se trata de un área de superficie que se destina exclusivamente para captar agua. Esto es con camellones (son como curvas de nivel una al lado de la otra con 6 metros de ancho por 200 de largo y unos 60 centímetros de altura en su cúspide) orientados a canales secundarios que recolectan el agua, canales primarios que la llevan a un pulmón o ante-represa y luego a las mismas represas.

Volvieron maravillados de lo que vieron en Paraguay. En 2014 empezaron a probar con 25 hectáreas de área de captación y luego avanzaron hacia un sistema de 120 hectáreas, que pasaron de cultivos agrícolas a cosechar agua para la ganadería. Contrataron a un agrimensor para que marque las pendientes y luego se pusieron a trabajar con planos de un ingeniero civil que indicó la orientación de los camellones y los canales. Trabajaron con máquinas propias, un tractor y una niveladora para las obras. "La captación requiere un 2,5% de pendiente, por lo que hay que juntar el agua pero que ésta no tome velocidad y genere erosión y rotura de canales", graficó Ríos sobre el sistema.

Todo el sistema está compuesto por las 120 hectáreas de área de captación, cinco represas, todas impermeabilizadas, 8 tanques australianos con 300.000 a 500.000 litros, elevados y ubicados cerca de las represas, además de los 50 kilómetros de cañería que llevan el agua todos los potreros. El campo tiene ahora capacidad para 230.000 metros cúbicos. "Al implementar las áreas de captación de agua, que para nosotros es como tener un cultivo, dimos un vuelvo fenomenal", se entusiasma Calvo.

Los números le dan la razón. Si antes en una hectárea captaban 325.000 litros por año por hectárea, con el sistema actual están en 3,9 millones de litros por año por hectárea. Pasaron a una eficiencia de cosecha del agua del 55 al 60% (parte se pierde en el suelo y evapotranspira).

Además, si antes podían darle de tomar a nueve vacas por hectárea año, ahora, con el sistema implementado de captación con camellones y canales, están en un nivel de 107 vacas por hectárea año. Con cualquier lluvia arriba de 20 mm ya pueden obtener agua para las represas cuando antes necesitaban más de 50 mm.

Ya tienen en el campo 5500 cabezas (30% del rodeo es de la cabaña Chaco Pampa) y con el sistema podrían poner 3000 cabezas más, ya con un confinamiento. "Con las lluvias de los últimos cuatro a cinco meses tenemos agua para las 5500 cabezas para 310 a 340 días", dijo Calvo. En Río Muerto, un pueblo de 2000 habitantes, no hay agua potable, según cuentan aquí. Llega de una perforación a 10 kilómetros y se rebombea para la población. Serían suficientes 20 hectáreas del sistema para que, si bien luego requiere un tratamiento para la población, se pueda aprovechar esa agua de lluvia.

La inversión según el proyecto

¿Cuánto cuesta hacer el sistema que tienen en el establecimiento de Grupo Agros? Hacer el área de captación propiamente dicha, esto es con camellones y canales, demanda un costo operativo de $ 7500 por hectárea con maquinaria propia. Ahora bien, si hay que recurrir a un contratista ese costo trepa a los $ 25.000 por hectárea.

En tanto, hay que hablar de otros números si se empieza de cero con todo, es decir, con represas incluidas, tanques australianos y cañerías. Según los cálculos que manejan en la empresa, para este caso hoy realizar una inversión completa para 1000 cabezas, con por ejemplo una represa de 40.000 metros cúbicos y 20 hectáreas de área de captación, requiere desembolsar US$ 80.000.

¿En cuánto tiempo se amortiza esto? Si se trata de hacer de cero toda la inversión, se amortiza en un plazo mínimo de 10 años. En el campo, las membranas de las represas tienen casi 15 años y exhiben un deterioro sólo en la parte expuesta al sol, pero no es problemático. Aprovechando la estructura, en el campo están evaluando hacer pruebas para agricultura, pensando en la posibilidad del riego por goteo subterráneo.


Diseño

Para poner en marcha una superficie destinada a captación hay que conocer las pendientes de manera de hacer el menor movimiento de tierra posible. La captación debe tener una pendiente del 2,5%. Es importante que el agua no tome velocidad y genere erosión o rotura de canales

Obra

Luego del trabajo de un agrimensor y con planos de obra, si se cuenta maquinaria propia, un tractor y una niveladora, se puede realizar el área de captación. Con maquinaria propia cuesta $ 7500 por hectárea. Con contratista sube a un valor de 25.000 por hectárea.

Mantenimiento

En el área de captación debe haber un control de malezas para mantener la eficiencia del sistema. En el establecimiento trabajan con preemergentes y herbicidas residuales. Según los análisis, no se han encontrado residuos en el agua que se usa para los animales.

Repaso

Así como debe haber un control de malezas que asegure la limpieza del lugar donde se capta el agua, cada dos años se tiene que llevar adelante un repaso de los camellones, ya que pasado ese tiempo suelen degradarse un poco. También se buscan mejoras con la compactación.

Escala


La cantidad de hectáreas para captación tiene que ver con el proyecto. Puede comenzarse con 20 hectáreas, superficie para 1000 cabezas. En el campo calculan, tomando en cuenta la evaporación y con un promedio de las distintas categorías de hacienda, 100 litros por día por animal.

viernes, 11 de agosto de 2017

LA EXPULSIÓN DEL GENERAL ROCA


 UN GRAVE ERROR  HISTORICO

Roberto A. Ferrero

   Con gran sorpresa me he enterado hace unos días de la iniciativa destinada a expulsar de nuestra nomenclatura urbana  al General Julio A. Roca, que da nombre al Boulevard epónimo. Creo que se trata de una gran equivocación, surgida quizá de un espíritu generoso y humanitario hacia nuestros maltratados pueblos aborígenes, pero que no encuentra asidero alguno en sus principales sustentos argumentativos.

    Estos argumentos, motorizados por el escritor argentinogermano Osvaldo Bayer –partidario expreso de separar la Patagonia del resto de  nuestro país para constituir en ella una nación independiente- son esencialmente dos, tan a-históricos y descontextualizados uno como el otro. El más agresivo de ambos es el que quiere hacer del general Roca un “genocida”. 

Ahora bien: esta es una ligereza semántica y política, porque ¿qué es un genocidio?  El exterminio deliberado de una etnia o de un grupo social por el solo hecho de serlo, y generalmente o casi siempre, ejercido sobre gentes imposibilitadas de autodefensa alguna. Los turcos asesinaron a un  millón y medio de armenios, pero éstos no victimaron uno solo de sus perseguidores. Eso era un genocidio. 

Los nazis exterminaron seis millones de judíos, sin que éstos persiguieran o mataran un solo alemán. Eso también era un  genocidio. Pero el caso de Roca y la Conquista del Desierto es totalmente distinto. No fue un genocidio, sino la culminación de una larguísima guerra, en la cual los indígenas tuvieron, entre 1820 y 1882 –según el prolijo inventario del historiador indigenista Martínez Zarazola- 7.598 bajas, pero a su vez causaron la muerte de 3.200 criollos (fortineros, pequeños propietarios, viajeros, hacendados, mujeres, autoridades, niños…) 

En la llamada “Invasión Grande” de Namuncurá a la pcia. de Buenos Aires a fines de 1875, sólo en Azul el malón asesinó 400 vecinos, cautivó 500 y se apoderó de 300.000 animales que, como siempre, fueron vendidos en Chile con jugosas ganancias. (A propósito: el cacique Casimiro Catriel habitaba en Azul, usaba carruaje y tenía cuenta abierta en el Banco de la ciudad…) ¿Era entonces el de Azul un genocidio criollo causado por los indios? De ninguna manera: fue una etapa de esta prolongada y cruel guerra. Los que guerreaban contra Roca no eran unos desgraciados indios como los que ahora penan injustamente a orillas del Pilcomayo o en los suburbios de Rosario al que han emigrado, compatriotas a los que se los debe ayudar e integrar en su diversidad. 

Eran soldados de un cuasi-Estado indígena, que rivalizaba y desafiaba al Estado nacional y que practicaba la esclavitud sobre blancos cautivados e indios comprados en Chile. Comentando la visita que en 1872 hizo el oficial Mariano Bejarano, enviado por el gobierno nacional, al cacique Sayhueque, caudillo del “País de las Manzanas” (hoy Neuquén), dice el escritor indigenista Curruhuinca-Roux: “La visita de Bejarano fue una visita oficial, de un enviado de un gobierno al jefe de otro gobierno”. Los malones no eran tácticas defensivas contra los blancos “invasores”, sino verdaderas expediciones para capturar botín, al estilo de vikingos terrestres, mitad piratas y mitad comerciantes, botines que eran negociados en Chile, cuyas autoridades fogoneaban estos malones para debilitar al gobierno argentino y quedarse con la Patagonia. 

No debemos tener una concepción maniquea e ingenua de la Historia. La Historia real es más complicada que la visión tipo “Billiken” de malvados y  víctimas, héroes y villanos. Y mucho más se puede decir sobre este primer argumento históricamente equivocado, pero con lo dicho basta.

     El segundo argumento dice que los pueblos aborígenes originarios fueron despojados de las tierras que les pertenecían en la llanura pampeana y en las vastas extensiones patagónicas. Nada menos cierto. En cuanto al carácter de originarios de las tribus indígenas que poblaban nuestras pampas –casi todas variantes o ramas del pueblo araucano- sólo un desconocimiento total de la historia de nuestro país y de la de Chile puede explicar tamaño error. Efectivamente: esas tribus trasandinas no tenían nada de “originarias”, ya que empezaron a migrar desde más allá de los Andes a nuestra Patria recién desde principios del Siglo XVIII. Más originarios eran los nativos de este suelo, en comparación, porque los esforzados pobladores de la frontera y los soldados, oficiales y Jefes criollos de la Conquista del Desierto –con excepción de Fotheringham que era inglés y de Nicolás Levalle que era italiano y algún otro- no tenían menos títulos a estas tierras que los ranqueles, pampas o manzaneros. 

Sus ancestros se remontaban a la misma o a una más antigua época. En cuanto al carácter de “dueños de la tierra” que alegaban las tribus indígenas y sus generosos defensores actuales, debe reconocérselo pero con la siguiente limitación: ellas no eran las dueñas exclusivas de la pampa: la pampa ubérrima, inmensa, era de todos los argentinos, criollos o indios, nativos o hijos de inmigrantes, de los que ocupaban y de los que esperaban en los puertos para poblarla. Calfucurá, Namuncurá, Catriel, Baigorrita, Pincén, Mariano Rosas y demás caudillos indios no podían guardar para si solos lo que era patrimonio común. Como el perro del hortelano que, según el popular dicho español, “no come ni deja comer”, así aquellos temibles pobladores de la llanura argentina no la hacían producir ni dejaban que otros lo hicieran. Esa negativa, puesta como una muralla al crecimiento impetuoso de las fuerzas productivas, no podía durar y no duró. La necesidad histórica que, como dice Hegel desgraciadamente “siempre avanza por su lado malo”, y que llevaba en su seno el progreso agropecuario de la nación, la había condenado.


    Por lo demás, la defensa de Roca en relación a la Conquista del Desierto no puede hacer olvidar los otros grandes aportes que él y la “Generación del 80” hicieron a la construcción de esta Argentina Moderna, hoy tan descalabrada: la nacionalización de Buenos Aires y su Puerto único, la instauración de las instituciones seculares, la enseñanza laica, la inmigración de masas y la colonización agraria. Estas realizaciones lo hacen más que acreedor al agradecimiento nacional y,  por ende, a la nominación de una calle, que es una de las formas en que los pueblos suelen recordar a sus benefactores. 

Que esa Generación haya derivado rápidamente en Oligarquía y que los especuladores y grandes comerciantes y terratenientes hayan monopolizado luego las extensiones recuperadas para el trabajo y la producción, es una sub-etapa diferente del desarrollo argentino, que no puede opacar la gestión de quienes como Roca y sus amigos se esforzaron por darnos definitivamente un país unificado.
    Si los enemigos de los genocidios buscar un culpable, más vale que estudien las biografías de Mitre y de Sarmiento, que predicaron y llevaron adelante una verdadera hecatombe social contra la estirpe criolla originaria. ¿Por qué nadie se refiere a este genocidio, que realmente lo fue? 

¿O acaso no aconsejó el “civilizador” Sarmiento a Mitre que “no trepidara en derramar sangre de gauchos, que es lo único que tienen de humano”? No propongo que se cambie la denominación de la calle Sarmiento por la de Coliqueo, pero si creo que, sin quitar al general Roca del Boulevard que honra su nombre, podría rendirse el homenaje que desean los indigenistas en otra calle de la ciudad. Al final de cuentas, tanto unos como otros, nos guste o no, son parte de la historia nacional, si es que la queremos entender en su unidad integral y no como un combate entre buenos y malos, que se derriban unos a otros de sus pedestales como en los torneos de la Edad Media, edad oscura por cierto. Esta no es una hora de denigración, sino de integración, no de balcanización, sino de unidad latinoamericana. Todo lo que vaya contra esta perspectiva no puede sino hacer el juego al enemigo extranjero que nos asecha y se propone aprovecharse de nuestros enfrentamientos y nuestros artificiales enconos.

                Roberto A. Ferrero
    Ex-Presidente de la Junta Provincial de
                     Historia de Córdoba

(Publicado en “La Voz de San Justo” de San Francisco y en “La Nueva Región” de Laboulaye y en “Pensamiento Plural, blog))